Por José María Posse - Abogado, Escritor e Historiador - Miembro del Instituto Belgraniano de Tucumán

La historiografía comarcana ha sido pacífica hasta aquí al interpretar que la autonomía alcanzada por Tucumán el 8 de octubre de 1814 se debió al reconocimiento por la actuación de sus ciudadanos durante la Batalla de Tucumán y el aporte de ellos en la posterior Batalla de Salta.

Coincido en que, efectivamente, esos hechos fueron determinantes, pero entiendo no fueron exclusivos. Se correspondían a un plan mucho más ambicioso y era el que pergeñaba el general José de San Martín y que, sin duda alguna, fue conversado con el general Manuel Belgrano durante los 40 días que se trataron personalmente en su estancia en Tucumán, entre febrero y mayo de 1814, donde coincidieron sus destinos por única vez en sus vidas.

San Martín tenía claro que Tucumán era un bastión natural de La Revolución Americana. Para los realistas la sola mención de las jornadas de septiembre de 1812 los llenaba de dudas y temores.

Estaba claro que el respeto ganado en batalla les daba a los tucumanos un sitial preponderante en el plano estratégico continental. Porque era sobre ello que San Martín basaba su plan, y el Norte Argentino era esencial para plasmar sus tácticas de guerra.

Tucumán entonces debía convertirse en el límite septentrional de La Revolución, como lo manifestaba Belgrano. Era allí donde debían ser detenidos una y 1.000 veces los avances españoles. Si Tucumán caía, el corazón del país quedaba a merced de la furia vengativa de los realistas.

Para Buenos Aires, el límite norte no era ya el Río Desaguadero, sino la actual provincia de Jujuy. La señalada frontera debía mantenerse “caliente”. Se debía contar con una “plaza fuerte”, y además con grupos guerrilleros que hostilizaran a las tropas realistas que amenazaban ingresar por el actual territorio boliviano. Tucumán, como cabeza del teatro de operaciones, nutriría asimismo de combatientes adiestrados, de armamentos y vituallas a los gauchos de Jujuy y Salta quienes conformarían la primera línea de batalla (como lo cita A.J. Pérez Amuchástegui en “San Martín y el Alto Perú, 1814”).

San Martín y Belgrano, colaborados estrechamente por Bernabé Aráoz, se afanaron entonces en la construcción de una fortaleza, que luego los tucumanos llamarían “Ciudadela” en las cercanías del Campo de las Carreras. Allí se apostarían tropas en permanente adiestramiento. La idea era también que nunca se supiera el número total de los soldados apostados allí (General José María Paz; “Campañas de la Independencia”).

Para que Tucumán pudiera efectivamente constituirse en la plaza fuerte que la revolución requería necesitaba imperiosamente ser autónoma de Salta, de la que hasta entonces dependía. La vecina provincia tenía en su clase dirigente a demasiados simpatizantes del Rey, quienes creaban recelos e inquinas permanentes; por tanto no eran confiables para los líderes revolucionarios. Asimismo su capital era continuamente asediada por los realistas.

Claramente San Miguel de Tucumán debía fortalecerse, no sólo en el orden militar sino también institucionalmente, actuando independientemente de las decisiones del cabildo salteño. Las urgencias debían ser atendidas con la inmediatez que el caso requiriese.

ESCUDO PROVINCIAL. La papelería oficial de Tucumán respondía a formalidades, como la presencia del escudo.

Primer gobernador

Fortalecida Tucumán militarmente, debía ser comandada por un líder cívico y militar probado, de prestigio y ascendencia social. Ese hombre providencial fue, sin duda alguna, Bernabé Aráoz, a quién tanto Belgrano como San Martín no dejaron nunca de alabar y agradecer, a pesar incluso de algunas disensiones posteriores con el porteño.

Fue Aráoz, y su poderosa familia de comerciantes y hacendados, el bastión en el cual se respaldó Belgrano al encarar las batallas de Tucumán y Salta. Por ello es que era llamado a convertirse en el primer gobernador de la provincia autónoma. No había en Tucumán un individuo de talla superior: su patriotismo y compromiso con la causa independista eran innegables (Carlos Páez de la Torre, “Historia de Tucumán”, Editorial Plus Ultra).

Belgrano y San Martín influyeron mucho en la designación de Aráoz como primer gobernador de Tucumán, lo que refuerza la idea que era el hombre elegido por ellos. En carta al Director Gervasio Antonio de Posadas, el 2 de marzo de 1814 San Martín escribía: “…don Bernabé Aráoz, sujeto el más honrado y el más completo que se conoce en toda la provincia; infórmese usted y respondo de los resultados” (Gervasio Antonio de Posadas, Autobiografía).

Por entonces la fortificación de la Ciudadela comenzaba a ser operativa y se convertía en un serio peligro para los realistas apostados en el norte. Se había echado a correr la versión que un poderoso ejército se preparaba en Tucumán para arremeter definitivamente sobre el Alto Perú. Eso distraía importantes fuerzas realistas, que debían proteger Lima y acantonarlas en la actual Bolivia. Mientras, San Martín formaría un Ejército en Cuyo, para pasar a Chile y liberarlo. Luego por mar, atacaría el corazón del Imperio Español en el Perú.

Para esa tarea de distracción, en la visión castrense de San Martín y práctica de Belgrano, no había mejor candidato que Aráoz para la tarea de comandar la nueva provincia. Un hombre probado en la guerra, caudillo popular, hábil político y eficaz administrador. Es por ello que el Libertador refrescó su anterior carta del 23 de febrero de ese año a Posadas, donde le manifestaba: “Aráoz es un sujeto que me atrevo a asegurar no se encuentran diez en América que reúnan más virtudes…”. Estos conceptos fueron decisivos para su nombramiento (Ibídem).

El Director Posadas finalmente dictó el Decreto del 8 de octubre de 1814 creando la Provincia del Tucumán, desmembrando definitivamente la jurisdicción de Salta. Santiago del Estero y Catamarca quedaron asimismo bajo la jurisdicción de Tucumán, con asiento de gobierno en la ciudad de San Miguel. (Ricardo Jaimes Freyre; “Historia de la República de Tucumán”, Edic del Rectorado de la UNT).

Hago mías las palabras del Dr. Félix Alberto Montilla Zavalía al respecto: “Sin lugar a dudas el argumento de mayor trascendencia para crear Tucumán era facilitar la administración de un territorio de frontera que permitiera una eficaz contención a las tropas realistas, y así garantizar que la jurisdicción virreinal del Perú no siga extendiéndose hasta el centro de las Provincias del Río de la Plata.” (Félix Alberto Montilla Zavalía, La Creación de la Provincia de Tucumán, en Cuatro Bicentenarios. Junta de Estudios Históricos de Tucumán)

Finalmente, el 14 de noviembre de 1814, Posadas designó Gobernador Intendente de La Provincia del Tucumán al Coronel de Dragones don Bernabé Aráoz, que tomó su juramento de rigor el 1 de diciembre del mismo año ante el cabildo provincial.

Con el tiempo Tucumán adquiriría un status político, económico y cultural único en las provincias del Norte.